Capitulo 1 - Parte 1
Fereos se frotó los cansados ojos, llevaba demasiadas horas sin dormir y el cansancio estaba empezando a pasarle factura. Levantó la vista de la mesa a la que había dedicado toda su atención durante las últimas horas y observó la habitación en la que se encontraba, los libros se amontonaban desordenadamente en pilas entre las ocho estanterías distribuidas en círculo que ocupaban la habitación a su alrededor. En el centro, una antigua mesa de trabajo con múltiples pergaminos anotados, bocetos en papel y los restos de una cena apenas mordisqueada que parecían competir por el espacio mientras el desvencijado candelabro proyectaba la tenue luz de cuatro velas casi extinguidas sobre la cansada expresión del mago.
Desde la visita de aquella extraña mujer y su convincente oferta apenas había podido pegar ojo. Por su mente recorrió el recuerdo de la cautivadora mirada de su visita, los vibrantes ojos plateados le habían atrapado desde el principio y no pudo separar su mirada de ellos durante toda la conversación. Tenía el vago recuerdo de que la conversación había sido larga, pero en su mente apenas era un fugaz instante; sin duda esos ojos estaban más allá de lo humano.
Ella se había presentado como Oirnis y su intención era que se recuperase un poderoso artefacto a cambio de una más que generosa suma. Pese a la suspicacia inicial de Fereos, en todo momento la afilada mente de la mujer puso en jaque sus más profundos conocimientos sobre la magia y eso no hizo más que incrementar su interés en esa mujer y el artefacto.
El mago se levantó de la silla mientras cerraba el pesado tomo que había estado leyendo y agarraba el candelabro.
- Hora de ir a la cama -sentenció para si
Los amplios pasillos que conformaban la villa resonaban por los pausados pasos de su inquilino, proyectando el eco hasta la oscuridad más allá del candelabro. Anduvo abstraído mientras localizaba la puerta de sus aposentos, reflexionando sobre las pistas que podían revelar la ubicación del artefacto. Por poco se para su corazón al encontrarse frente a si a Oirnis, dentro de la habitación.
- ¿Có.. cómo habéis entrado? -balbuceó desconcertado Fereos
- Tranquilo, amigo -respondió con voz suave la esbelta mujer- He obtenido información relevante para vuestra misión y he decidido personarme para haceros párticipe de la misma
El hombre miró furtivamente los diversos rincones de la habitación temiendo una emboscada antes de fijar de nuevo su mirada en la calmada expresión de ella, y en sus cautivadores ojos plateados, esos ojos.
- Podríais haberme avisado, -dijo con cierto tono de rebeldía mientras se concentraba en recuperar el ritmo de sus latidos- haberme enviado una misiva.
- Consideré más seguro decíroslo en persona -expuso mientras se movía con aire indiferente hacia la ventana abierta y observaba distraídamente la noche de la ciudad de Brightholm- No soy la única que lo busca y un mensaje pasa por muchas manos.
El mago cerró la puerta tras de si y se sentó en la silla del escritorio, un nuevo vistazo alrededor le confirmó que todo parecía encontrarse en su lugar.
- Y bien, -inició él- ¿De que se trata?
Ella se volvió de nuevo
- El artefacto ha sido visto en el Imperio de Yahosto, -espetó con cierto tono de desprecio mientras le perforaba con la mirada- cerca de Calhandira
- ¿Lo han encontrado? -inquirió mientras se incorporaba en la silla
- Eso parece -respondió con frialdad- y me preocupa que no acabe en mis manos.
- Esto cambia bastante el trato que teníamos -expuso con suavidad Fereos-, yo tenía que encontrarlo en unas ruinas y…
- Lo se -cortó la mujer- por eso ahora quiero que lo recupere de las manos de quienes lo lleven. -lanzó una bolsita encima del escritorio- Esto debería cubrir su servicio y el de los que le acompañen.
El mago comprobó el contenido y su rostro cambió al más absoluto asombro al descubrir una cantidad nada despreciable de piedras preciosas, no era un experto tasador, pero esa cantidad posiblemente le permitiría vivir holgadamente el resto de su vida.
- Encuentre el artefacto -ordenó Oirnis
- Pero.. -al levantar la vista, ella ya no estaba ahí.
